Cada palabra cuenta
Si
te pido que pienses en una palabra o frase que ha marcado tu vida ¿cuál sería?
¿es positiva o negativa? Cuando la escuchaste ¿te sentiste alegre, triste,
ofendido, enojado, ...? Solamente tú sabrás la respuesta, pero te aseguro que hay mensajes
que han quedado en tu mente por la forma en que llegaron, quién te lo dijo,
cómo te lo dijeron y qué sentiste en ese momento. He ahí la importancia de
cuidar nuestras palabras, aunque digamos que las palabras se las lleva el
viento, debemos aceptar que lo que hablamos puede edificar, pero también puede
destruir.
Lo
más seguro es que nunca hayamos visto una herida corporal producto de las
palabras, pero sí que hay heridas en el alma difíciles de sanar. Es fácil decir:
“te quiero mucho”, “te extraño”, “perdóname”, “ya no te quiero”, de hecho,
acabas de leer estas frases sin ninguna dificultad, pero cuánto pesan si las
dices sin pensar. Cruzando palabras se han iniciado grandes amistades, pero
también se han desatado guerras, se han creado hermosos poemas, pero también se
han escrito despiadados mensajes. Aunque pareciera que hablar no cuesta nada, pero
se paga un precio por lo que decimos e impactamos la vida de las personas para
bien o para mal.
Seguro
en algún momento te ha llegado un mensaje de: “Te deseo un feliz día”, “Que te
mejores”, “Te mando un fuerte abrazo", “Espero que todo salga bien” y al leerlo
o escucharlo te reinicia el día, es como bálsamo para el alma, porque las
palabras tienen poder y por ello es una gran responsabilidad elegirlas sabiamente,
a veces vamos tan de prisa que olvidamos saludar, despedir, desear un feliz
cumpleaños, un feliz inicio de semana, pero es un buen momento para reflexionar
en nuestra forma de hablar, incluso cómo nos hablamos a nosotros mismos, qué
palabras utilizamos para describirnos, en qué centramos normalmente nuestras
conversaciones, qué refleja lo que decimos y si estamos siendo de bendición
para otros.
Vale
la pena recordar que no todas las personas son afectivas y a muchos se les
complica decir: “te quiero mucho”, pero puedes decirlo de otras formas, puedes
preguntar ¿Cómo estás? “No te he visto, pero deseo que te esté yendo bien”, “Estoy
orando por ti, por tu salud, por tu familia…”, “Le pido a Dios que te acompañe”
y seguro ya pensaste en muchas maneras con las que puedes exteriorizar tu aprecio
hacia los demás. Pidámosle siempre a Dios que sazone nuestras palabras
(Colosenses 4:6), pues imagina que sin la gracia del Padre en lo que decimos
sería similar a comer tu platillo favorito, pero sin sal, sin sabor, sin
disfrutarlo. Que lo que tú y yo digamos edifique, a eso hemos sido llamados.


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