Tus ojos lo verán…


Esta es la época del año donde surgen preguntas como: ¿Por qué no alcancé lo que me propuse?, ¿Por qué no tengo lo que tanto quería?, ¿Por qué me sucedió esto o aquello?, pero más allá de cuestionar e incluso reclamar por lo que aún no has logrado, ¿Te has tomado el tiempo para contemplar el paisaje a tu alrededor? Y no hablo de estar en un lugar con la mejor vista hacia el horizonte, hablo de dedicar un momento para apreciar lo que hoy eres, tienes, qué y quiénes te rodean, casi puedo asegurar que aun si tienes muchas cosas pendientes por alcanzar, también tienes muchas otras por las cuales agradecer y sentirte satisfecho.

Hay que admitir que, en la vida, como en todo viaje te sientes motivado e ilusionado por llegar al final y decir: “¡llegué, lo logré!”, pero cada paso que das es tan importante como llegar al final del camino y disfrutar de la vista. Sé que cuando ves las subidas empinadas, los kilómetros de camino o las curvas cerradas que aún te hacen falta por recorrer, la meta parece ser inalcanzable, empiezas a dudar que un día vayas a reunir la suficiente fortaleza para llegar y lo que un día alentaba tu corazón para creer hoy te desanima.

Sin embargo, me gustaría recordarte que muchas cosas de las cosas que hoy disfrutas, hace meses, años o incluso décadas atrás eran solamente un sueño, y sé decirte que cuando Dios tiene algo preparado para tu vida llega en el momento preciso, no cuando más lo deseas sino cuando más lo necesitas. Desconozco si el anhelo de tu corazón es crecer en el ámbito espiritual, económico, personal, si has pedido por un empleo, una casa, un matrimonio, un negocio, un título académico o cualquier otra cosa que en este momento yo no imagino, pero tú y Dios sí lo saben y Él no lo pasa por alto.

 Así que hoy te invito a ver hacia atrás, sin resentimientos o lamento, te invito a que veas con gratitud y alegría el camino ya recorrido, porque esos pasos que has dado sean muchos o pocos han requerido de esfuerzo y valentía. También valora a quienes te han animado a seguir avanzado o se han sentado a tu lado cuando te detuviste para recobrar el aliento. Y aunque parezca que ya has caminado demasiado, no dejes que la distancia entre tú y el objetivo; te haga dudar de quien siempre va contigo (El Padre), porque a Su tiempo Él permitirá que tus ojos vean aquello por lo cual has orado.

Te dejo por acá un importante recordatorio de Dios para tu vida: No tengas miedo, pues yo estoy contigo; no temas, pues yo soy tu Dios. Yo te doy fuerzas, yo te ayudo, yo te sostengo con mi mano victoriosa.  Isaías 41:10

Comentarios

Entradas populares