Baja la Guardia


Hay momentos en la vida en los que es necesario bajar la guardia, y que contradictorio es esto porque siempre nos han dicho que no tenemos que darnos por vencidos, que siempre tenemos que seguir adelante, luchar por lo que queremos y al decir “baja la guardia” no te digo que dejes de luchar, simplemente hay momentos en la vida en los que tenemos que reconocer que no podemos solos y necesitamos que alguien más nos ayude.

Me encanta la historia de aquel hombre que cuando levantaba los brazos; un pueblo ganaba la batalla, pero si él los bajaba ellos empezaban a perder. Resulta interesante porque él era el líder, y Dios lo sabía; por eso en el momento indicado podemos leer que cerca de él se encontraban Aarón y Hur, quienes al ver que Moisés bajaba los brazos ellos estaban ahí para poder levantarlos y así ganar la batalla. Y como todo ser humano en algún momento nos podemos sentir cansados o que quizá la situación sobrepasa nuestras emociones, pero es importante que sepas que nos estás solo, y cuando bajas la guardia delante de Dios y reconoces que no puedes más, Él te manda la ayuda indicada, puede ser un amigo, hermano, familiar o incluso un desconocido.

Bajar la guardia muchas veces significa aprender a pedir ayuda, algo que estoy seguro que a muchos de nosotros nos es difícil hacer, pero tenemos que aprender a hacerlo, porque como seres humanos no podemos con todo al mismo tiempo y cuando lo hacemos, le estamos dando la oportunidad a Dios para que Él intervenga en nuestra vida.

Cuando reconoces que necesitas la ayuda del Padre y bajas la guardia ante Él, te sorprende saber cómo Dios actúa a favor de tu vida. Es la oportunidad en la que dejamos que nos enseñe y nos recuerde que nunca estaremos solos, pero sobre todo es una oportunidad para que los demás vean a través de tu situación cómo Dios obra en tu vida y con esto puedan también conocer a un Dios de amor y de perdón que ante cualquier situación busca no solo tu corazón sino también restaurarte y fortalecerte. El hecho de bajar la guardia delante de Él no es para hacerte sentir débil o que no puedes solo, todo lo contrario, es para que Él como tu Padre actué a tu favor.

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