Está bien no estar bien

Quisiera que te preguntes: ¿a qué te refieres cuando dices que te sientes mal?

Porque siendo sinceros utilizamos tanto esta expresión que ya ni siquiera sabemos qué significa realmente, por ejemplo, te enfermas; te sientes mal, tu crush te rechaza; te sientes mal, tienes problemas familiares; te sientes mal y así sucesivamente con más escenarios, sin embargo, lo que intento decirte es que para trabajar las emociones primero debes llamar a cada una por su nombre.

Estamos acostumbrados a ir tan deprisa a todos lados que muy pocas veces nos detenemos a decir: “me siento triste, porque…” o “me siento entusiasmado porque…”, simplemente nos limitamos a decir que estamos bien o mal, pero no le damos la importancia que merece a nuestro lado emocional. De hecho, nos esforzamos tanto por ser imperturbables hasta llegar al punto de parecer insensibles a lo que nos sucede, nos pasa que aparentamos fortaleza cuando en realidad nuestra sonrisa es una máscara para encubrir cómo nos estamos sintiendo en realidad.

Y qué tal si normalizamos hablar sobre lo que sentimos y nos esforzamos por ser más empáticos cuando otros expresan sus emociones, porque eso es lo que se necesita, personas sensibles, pero inteligentes emocionalmente y fortalecidas espiritualmente.

Salmos 34:19 dice que muchas son las aflicciones del justo ¡imagínate eso! ¿Quién quiere una vida con Jesús en la cual deba enfrentar muchas pruebas? Ya sé, tú y yo hemos decidido llevar esa vida y estamos convencidos de que ha sido la mejor decisión; porque aunque a veces desearíamos que el versículo dijera: “muy pocas aflicciones” o mejor aún “ninguna preocupación” tendréis en el mundo, sabemos que eso no sería realista y creemos en la promesa que de todas esas aflicciones nos librará Jehová.

En tu recorrido por la vida, como en una montaña rusa a veces te sentirás entusiasmado por iniciar el recorrido, otras veces estarás sorprendido y alegre de ver cuán lejos has llegado, pero también tendrás que enfrentar el miedo a lo desconocido, la inseguridad de saber si llegarás hasta el final y la ansiedad de tener todo bajo tu control y que aun así algo inesperado suceda.

La vida es así, en este momento te sientes feliz porque hay comida sobre tu mesa, calzado en tus pies, un techo sobre tu cabeza, pero quizás mañana estés preocupado por un sinfín de situaciones que cambian de un día para otro, pero hay algo que no cambia y es la fidelidad de Dios hacia nuestras vidas (Salmos 100:5). Ten siempre presente que nuestra humanidad nos hace vulnerables ante las emociones, pero eso no es sinónimo de haber perdido la batalla, constantemente estamos en una lucha interna entre dejarnos llevar por lo que sentimos y actuar conforme al corazón de Dios, y la fortaleza para actuar correctamente la encontrarás si se la pides a Él. Confía en que el Padre puede convertir tu tristeza en gozo y darte paz en medio de las dificultades.

Recuerda que está bien no estar siempre bien ni mal sentirte mal a veces, pero lo que no está bien es usar tu estado de ánimo como una excusa para rendirte. Confía en que Dios siempre está a tu lado, dispuesto a secar tus lágrimas, a abrazarte cuando necesites consuelo o a reír contigo cuando todo marche bien, porque sin importar cómo te sientas Él siempre estará a tu lado para sustentarte ¡No lo olvides!

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