Dimensión emocional

Aunque a veces la subestimemos, la dimensión emocional también es un aspecto importante para mejorar nuestra relación con Dios.

Y es que la Biblia no solo valida la expresión de emociones, sino que también representa una guía para canalizarlas de manera constructiva y nos orienta para nuestro crecimiento espiritual.

En el libro de Salmos, encontramos ejemplos sobre David, un hombre conforme al corazón de Dios, quien expresaba una amplia gama de emociones: desde alegría y gratitud hasta lamento y angustia. Esto nos demuestra que como humanos también experimentamos emociones, y no necesariamente eso debe hacernos personas inestables, al contrario, el poder vivir sin que estas guíen para mal nuestro actuar nos lleva a dejar de ser solo cristianos emocionales, sino cristianos emocionalmente equilibrados que viven más por convicción que por emoción.

Porque un cristiano no debe ser emocional sino moverse por fe, un cristiano debe saber estabilizar sus emociones para actuar a la luz de la verdad y con sabiduría de la Palabra de Dios. Efesios 4:26 nos insta a "enojarnos, pero no pecar", es decir, vivir la emoción pero no dejarla progresar ni dejar que nos lleve a hacer cosas que no le agradan a Dios, entonces, aunque las emociones parezcan normales, debemos evitar que nos lleven a pecar. Además, estas deben estar en sintonía con el carácter de Cristo y hacernos más como Él.

Aprendamos a experimentar y expresar nuestras emociones de una manera que honre a Dios y edifique a nuestra comunidad cristiana, porque la dimensión emocional seguirá ahí depositada en nuestra alma, por tanto, debemos aprender a manejar nuestras emociones de manera bíblica para crecer en semejanza a Cristo.

Por último, no olvidemos que a su vez estas deben provocar que nos acerquemos más a Dios y a los demás, en lugar de alejarnos, ya que el enemigo mediante una mala reacción provocando por el emocionalismo siempre querrá aislarnos de todos, porque sabe que estando solos somos presa fácil, por ello no debemos caminar solos, recurramos siempre al Espíritu Santo, a la Palabra y a la oración.


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