Muy bonito y todo, pero…
¿Te ha pasado que ves algo que a simple vista es perfecto y luego de un rato encuentras el “pero”?
Encuentras un empleo con buena paga, PERO el ambiente es intolerable, te gusta alguien atractiva/o, PERO tiene mal genio, ves un pantalón de tu talla, PERO no te gusta el color, etc., etc. Déjame contarte una breve experiencia con una canción que me dejó una gran lección, debo admitir que desde la primera vez que la escuché me encantó, pero no me detuve a prestar demasiada atención de la letra hasta que después de un par de veces y me di cuenta de lo que le acababa de decir al Señor, la letra literalmente dice: “Acepta mi corazón como ofrenda, Todo lo que traigo es todo lo que tengo, Y todo lo que quieras yo te lo entrego hoy”.
Quizá hasta ahora nada de esto te haga sentido, pero déjame contarte lo que entendí en ese momento, en primer lugar, dejé de cantar esa estrofa hasta estar convencida de lo que decía; porque debo admitir que sentí temor de perder el control de todos mis planes (como si alguna vez hubiese sido yo la que lo tuviera). Para que te hagas una idea imagínate haciendo ese famoso ejercicio de confianza donde te lanzas de espaldas esperando que tus compañeros te atrapen, así me sentí luego de meditar en ese par de estrofas, sentí que le había dicho a Dios: “si me dices que me lance sin un paracaídas, me lanzo porque yo confío” y claro, todos decimos que nuestra fe está puesta en Él, pero hacerlo es más complicado que decirlo ¿cierto?
Cantamos “Estoy confiando Señor en ti…” ¿pero realmente confiamos?, decimos “Yo te doy gracias…” ¿pero actuamos con gratitud?, declaramos “Heme aquí envíame a mí” pero cuando Dios nos llama ¿atendemos a su llamado? Este es el punto: puedes saberte la letra de los coros más hermosos, saberte de memoria los salmos más bellos y cantarlos a todo pulmón, pero recuerda que lo más importante es que eso que dices lo creas en tu corazón y lo reflejes en tu diario vivir.
Porque decir soy hijo de Dios es muy bonito y todo, pero actuar como tal es nuestro desafío de todos los días.
Hasta la fecha he visto el resultado de decir “Dios, todo te lo entrego a Ti, toma Tú el control de mi vida”, entregar a Él mis planes, esperar Su tiempo y aceptar Su voluntad, más que leer e imaginarme la historia de esos grandes hombres en la Biblia que creyeron en Él y vieron Su gloria (Job 42:5) he visto Su palabra cumplirse en mí. Y hoy quiero desafiarte a que lleves tus palabras a otro nivel y actúes confiando en Él (Salmos 37:5).
Que Dios te bendiga y te dé valentía para seguir avanzando y ver cumplidos sus propósitos en tu vida.

Comentarios
Publicar un comentario