“Sin un padre”
No me creerías si te cuento que fue hasta mis veintitrés años que me percaté que tenía un Papá.
Siendo honestos, no he tenido una relación con mi padre terrenal y su ausencia marcó mucho mi vida, sentía un vacío en mi corazón que nada ni nadie podía llenar.
Al ser salva, me decían que Dios era mi Padre, pero, por mucho tiempo solo fue un dato que mi mente retenía, no era algo que yo creyera o algo de lo que me había apropiado, de hecho, a pesar de conocer esa verdad, me sentía sola, desamparada y a veces desafortunada de no tener un papá para correr a sus brazos.
Viví “sin un padre” hasta el 2020, donde tuve un punto de inflexión en mi vida que me hizo conocer a Dios como mi verdadero Papá, sin embargo, mi relación con Él inició con un poco de miedo porque: ¿Qué tal si las expectativas de tener un papá eran defraudadas?
A pesar de ello, me di cuenta que toda mi vida había tenido un Papá ¡Que no me abandonó! (Juan 14:18). Un Padre que me mantuvo cerca de Su corazón, que me adoptó (Romanos 8:15) que me cuidó, que ha llenado cada vacío de mi vida y que ha estado conmigo en cada proceso, solo que no había abierto mi corazón a Su hermosa paternidad, una paternidad que es sin defectos porque no es un padre humano, sino un Padre Celestial y Eterno.
Hoy te invito a que inicies una relación intencional con Dios como tu Padre y que le des la oportunidad al Espíritu Santo que te ratifique como hijo y puedas decir: ¡Abba! ¡Padre!
Pd. Sí tengo un Papá, y es ¡El mejor!

Comentarios
Publicar un comentario