Cero Expectativas

Siendo totalmente sincera, el año pasado lo inicié con cero expectativas y cero metas por cumplir, pero Dios habló a mi vida en el tiempo justo y me permitió entender lo que me quería decir. Contexto: en uno de los cursos de la universidad, el Licenciado me preguntó: Génesis, ¿Cuánto espera sacar en mi curso este semestre?, por dentro quedé en blanco, no pasaba un número por mi mente, pero tenía que activar el micrófono y responder, ¿Qué esperaban que dijera? un ¡100! claro, eso debí haber respondido, pero dije: con que aprenda Licenciado, porque no he pensado aún en algún punteo pero si quiero que me vaya bien, ¡Error! Esa no era la respuesta correcta. ¿Qué aprendí? Ese día el Lic. me respondió: yo pensé que me iba a decir un 95 o un 100. ¿Sabes qué me permitió Dios entender? que no puedo vivir sin expectativas, que no puedo vivir sin esperar algo, sin planificar, sin trazarme metas, sin pedir que Dios ponga sueños y objetivos para mi futuro, porque Él puede cumplir todo lo que le pedimos si está dentro de Su voluntad, una voluntad que es buena para el que la permite, agradable cuando la entendemos y perfecta porque viene de un Dios perfecto (Romanos 12:2).


Abriéndote mi corazón, al inicio del año pasado conscientemente inicié sin ninguna meta, es decir, cero, nada, me dije a ver qué tal, no hice ninguna lista con objetivos que quería cumplir, no me propuse realizar algo en específico, no sé si desde lo más profundo estaba confiada en que igual todo lo que hiciera Dios iba a acompañarme y todo iba a marchar bien, cosa que sí, es un hecho (Deuteronomio 31:8, Romanos 8:28), o si en verdad no esperaba nada y estaba iniciando mi año en automático.


Siendo totalmente sincera, el año pasado lo inicié con cero expectativas y cero metas por cumplir, pero Dios habló a mi vida en el tiempo justo y me permitió entender lo que me quería decir. Contexto: en uno de los cursos de la universidad, el Licenciado me preguntó: Génesis, ¿Cuánto espera sacar en mi curso este semestre?, por dentro quedé en blanco, no pasaba un número por mi mente, pero tenía que activar el micrófono y responder, ¿Qué esperaban que dijera? un ¡100! claro, eso debí haber respondido, pero dije: con que aprenda Licenciado, porque no he pensado aún en algún punteo pero si quiero que me vaya bien, ¡Error! Esa no era la respuesta correcta. ¿Qué aprendí? Ese día el Lic me respondió: yo pensé que me iba a decir un 95 o un 100. ¿Sabes qué me permitió Dios entender? que no puedo vivir sin expectativas, que no puedo vivir sin esperar algo, sin planificar, sin trazarme metas, sin pedir que Dios ponga sueños y objetivos para mi futuro, porque Él puede cumplir todo lo que le pedimos si está dentro de Su voluntad, una voluntad que es buena para el que la permite, agradable cuando la entendemos y perfecta porque viene de un Dios perfecto (Romanos 12:2).


Abriéndote mi corazón, al inicio del año pasado conscientemente inicié sin ninguna meta, es decir, cero, nada, me dije a ver qué tal, no hice ninguna lista con objetivos que quería cumplir, no me propuse realizar algo en específico, no sé si desde lo más profundo estaba confiada en que igual todo lo que hiciera Dios iba a acompañarme y todo iba a marchar bien, cosa que sí, es un hecho (Deuteronomio 31:8, Romanos 8:28), o si en verdad no esperaba nada y estaba iniciando mi año en automático.


Sin embargo, este año, 2022, consciente de lo que aprendí, Dios me renovó, me reinició el chip, puso deseos, anhelos, metas, sueños, objetivos para este año, y es algo con lo que constantemente ahora me reto para avanzar en cumplirlos, con diferencia al año anterior, este año lo inicié con mucha expectativa, te puedo asegurar que si bien aún no he cumplido todas las metas que me propuse, estoy avanzando en las que anoté y algunas que he sumado con el paso del tiempo. Y para que no te quede la duda ahora apunto sí a pasar los cursos pero también si en el camino se puede a los 90’s y a los 100’s.


Con esto quiero decirte que no dejes de ponerte metas en cada área de tu vida, tampoco te desmotives si no las cumples e igualmente ten en cuenta que es necesario por encima de todo pedir guianza del Espíritu Santo, además, hay que poner de nuestra parte y hacer nuestro mayor esfuerzo, involucra a Dios en tus decisiones, ora, espera y confía, trabaja duro, sé constante, ¡Lo vas a lograr!, da pasos de fe, y descansa en que todo lo que está dentro de la voluntad de Dios sucederá (Salmos 40:8), por tanto, quédate tranquilo, por ti pelea Jehová (Éxodo 14:14, Deuteronomio 3:22) Él te defenderá.


En fin, ahora tú haz memoria de los sueños que Dios ha puesto en tu corazón, pregúntate ¿Has cumplido más de algún objetivo o meta que te propusiste?, ¿Avanzaste?, ¿Creciste?, ¿Estás rindiendo tu voluntad y permitiendo que sea hecha la de Dios? o ¿estás siendo como Génesis del 2021 que vivía con cero expectativas? solo Dios y tú sabrán las respuestas y en lo que necesitas mejorar, recuerda: no pongas tu mirada en cómo te perciben los demás sino percibe al Espíritu Santo, escucha Su voz y Sus consejos, pon tu mirada en el Padre, el primero en querer tu bienestar y crecimiento en todas y cada una de las áreas de tu vida y que siempre va a querer cosas mejores y mayores a las que puedas imaginarte (3 Juan 1:2, Isaías 55:5, Jeremías 29:11).


Si te parece, oramos: Señor, gracias por hablar a mi vida, por recordarme que lo que Tú tienes para mí es mucho mejor de lo que yo espero o quiero; te entrego mi corazón, todas mis ambiciones, mis deseos, mis anhelos, mis sueños, mis metas y objetivos, las rindo delante de ti, porque quiero que antes que todo lo que yo pueda querer, quiera que Tu voluntad se haga en mi vida y en mi entorno, Dios, mi Padre, quiero esperar y confiar en lo que tienes para mí, todo lo que soy y todo lo que tengo reconozco que te pertenece a ti, entiendo que Tus caminos y Tus sueños para mí son mayores de lo que me puedo imaginar, ayúdame a descansar en tus brazos, a esforzarme por lo que quieres que consiga, permíteme exteriorizar ese amor que digo tenerte, que sea más grande mi amor por Ti que mis propios deseos, hazme valiente para enfrentar toda batalla o lucha que se me presente, sabiendo que no estoy solo sino que Tú vas conmigo, y peleas por mí, confieso que ya me has dado la victoria y que quieres que disfrute cada proceso, permíteme entender que tu voluntad siempre es buena, agradable y perfecta, rindo mi voluntad Padre para que resulte la tuya, quiero mantenerme expectante y que las palabras que puedan venir a desanimarme no hagan rema en mi interior, sino que yo escuche primero al Espíritu Santo, Su voz y buen consejo, actuando siempre según Tu Palabra, en Nombre de Jesús. Amén.


Por: Génesis Batz Rodríguez.


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